Anne Dejean-Assémat, una célebre científica francesa

Anne Dejean-Assémat, bióloga especializada en los mecanismos que originan el cáncer en los seres humanos, acaba de recibir el premio L’Oréal-Unesco «La Mujer y la Ciencia»

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que otorga la cantidad de 100.000 dólares como recompensa por los años invertidos en investigación.

Haga el tiempo que haga y con tenacidad, Anne Dejean-Assémat disfruta corriendo por los parques de París. No es casualidad que esta científica rubia de armas tomar posea las cualidades de los corredores: zancadas regulares y perseverancia a pesar de la ingratitud y la lasitud del esfuerzo. De hecho, gracias a estas cualidades, Anne Dejean-Assémat ha sido recompensada con el prestigioso premio L’Oréal-Unesco «La Mujer y la Ciencia». Son cinco las investigadoras de todo el mundo que reciben este premio cada año, no sólo por la gran importancia de sus trabajos, sino también porque, según los 18 miembros del jurado presidido por Günter Blobel, premio Nobel de Medicina de 1999, estas mujeres representan un modelo a seguir para las jóvenes que desean consagrarse a una vía científica.

Luchar contra el cáncer

Doctora en ciencias, Anne Dejean-Assémat dirige desde 2003 la Unidad de organización nuclear y oncogénesis del Instituto Pasteur, así como la Unidad de biología molecular y celular de los tumores del Inserm (Instituto Nacional de Salud e Investigaciones Médicas de Francia). Todas las mañanas, al abrocharse su bata blanca, la francesa se prepara para desenmascarar y comprender los mecanismos del cáncer con el fin de mejorar las terapias que lo combaten. En el origen de la enfermedad, algunas células sanas se transforman y se convierten en cancerosas. Las razones por las que se producen estas transformaciones todavía se desconocen en gran medida y, precisamente, ese es el misterio que Anne Dejean-Assémat se esfuerza por descifrar.

Para ello, es necesario permanecer inclinada incansablemente sobre el microscopio del laboratorio observando la minúscula célula humana. Casi todo el contenido genético de la célula se encuentra en su núcleo; este contiene proteínas que actúan como «receptores» de pequeñas moléculas como las vitaminas y las hormonas. Anne Dejean-Assémat descubrió que uno de estos receptores, el receptor del ácido retinoico, adquiere una estructura diferente en las células cancerosas de los pacientes que padecen leucemia. En definitiva, se trata de una pista para comprender cómo la mutación de este receptor puede desembocar en leucemia en el organismo humano. Sobre todo, este descubrimiento representa un avance extraordinario respecto al posible efecto terapéutico del ácido retinoico en este tipo de leucemias. Por supuesto, para llegar a estos resultados, han hecho falta horas y horas de trabajo. «Principalmente, esta es una profesión a base de fracasos. Para desempeñarla, hay que olvidar el amor propio y tener unos nervios de acero. Una vez cada dos años aproximadamente, un experimento conduce al resultado esperado», señala la científica.

Importantes avances en las terapias

La condición árida de esta tarea no logra que la investigadora deje de avanzar por el buen camino. Asimismo, indica que este receptor se altera igualmente en algunos cánceres de hígado y demuestra que la hepatitis B puede ser la causa de esta mutación. Estamos ante un avance muy importante porque se ha comprobado un enlace directo entre una afección viral y la transformación de una célula sana en una cancerosa.

Más recientemente, la investigadora ha descubierto que el arsénico, sustancia utilizada en el tratamiento de algunos tipos de leucemia, también posee la capacidad de alterar el receptor mutado del ácido retinoico. Utilizar el arsénico para combatir la mutación se convierte, de este modo, en un postulado digno de investigación. Los trabajos en los que se encuentra inmersa ahora se centran en la proteína SUMO, descubierta en los años 90, y que también puede alterar la estructura del receptor mutado del ácido retinoico. Ha llegado el momento de comprender cómo los cambios en la actividad de esta proteína pueden provocar una división irregular de las células y el cáncer.

Conciliar la vida personal con la investigación

Anne Dejean-Assémat, miembro de la Academia de las Ciencias de Francia desde 2004, es muy consciente de que sus logros basados en la paciencia han sido posibles gracias, entre otros motivos, a la comprensión de su familia. En primer lugar, su marido es su apoyo incondicional, además de sus tres hijos, dos niñas y un niño, que hoy son ya adolescentes. El trabajo afecta también a la vida en el hogar: «no dejas aparcados los proyectos cuando cierras la puerta del laboratorio. El trabajo ocupa tu tiempo y tus pensamientos permanentemente», afirma ella. Conciliar la vida familiar con la vida científica de alto nivel resulta un reto difícil pero no imposible. Si bien su familia constituye actualmente su principal apoyo y un refugio donde cargar las pilas, la inspiración y la motivación necesarias para adentrarse en la vía científica las recibió de sus padres, ingeniero y profesora de matemáticas, y de un profesor de biología del instituto. «Estaba fascinada por el mundo animal y vegetal. Pensaba que dedicar mi vida a comprenderlos sería una maravilla. De hecho, ir al laboratorio todas las mañanas sigue siendo para mí un privilegio y no un deber», cuenta. Un elemento más impulsor de su vocación: la militancia de sus padres. Un padre apasionado de la ecología y una madre feminista le enseñaron a poner en tela de juicio y a cuestionar sin descanso las ideas que se le presentaban; lo que actualmente es una gran ventaja para su trabajo diario.

La paridad ya está en marcha

Visiblemente satisfecha con su trayectoria, anima, a su vez, a las chicas jóvenes a entrar sin dudarlo en una carrera científica: «Si amáis esta profesión, ¡olvidad vuestros temores y aprovechad las oportunidades!», exclama. La bióloga comprende el miedo que puedan tener las jóvenes a no poder conciliar una vida laboral intensa con la vida personal, pero añade: «La mentalidad debe cambiar. Hay que animar y tranquilizar a las chicas desde la edad más temprana posible. Hay que tener fe en las mujeres». Anne Dejean-Assémat se acuerda de sus inicios en los congresos científicos cuando, muy a menudo, era la única mujer entre un ejército de hombres, pero también se alegra de que, desde entonces, la igualdad se impusiera incluso en el ámbito científico. Prueba de ello es que dos mujeres han recibido en 2009 los premios Nobel de Biología y Medicina. Dos de ellas ya habían recibido anteriormente el premio de la fundación L’Oréal-Unesco.

Pascale Bernard

Dernière modification : 09/04/2010

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