Emaús Internacional: la solidaridad hecha acción

Con sus gafas redondas, sotana negra desgastada, barba canosa y cabellos cortos, Henri Grouès, también conocido como el Abbé Pierre, fue durante mucho tiempo el personaje preferido de los franceses. Indignado por las condiciones de las personas con peor alojamiento, en 1949 comenzó a fundar comunidades Emaús: «por y con los más desfavorecidos». Aunque hay 175 comunidades activas en Francia, a menudo desconocemos el hecho de que Emaús se ha esparcido por todo el mundo. Hoy día, más de 308 organizaciones locales siguen los mismos valores solidarios en 36 países.

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Al noroeste de Bangladés, el pueblo de Thanapara se extiende a lo largo del Ganges. De pronto, resuena un grito: es el anunciante público del grupo Emaús local. Este proclama los derechos de las mujeres y recuerda a todos la ley que prohíbe el matrimonio de los niños. Es un medio seguro y eficaz de sensibilizar a esta sólida comunidad. Sin embargo, Thanapara ha escapado de grandes peligros. Durante los levantamientos por la independencia en 1971, todos los hombres del pueblo fueron masacrados y las mujeres quedaron sin recursos ni protección. Una organización no gubernamental suiza, más tarde miembro de Emaús, vino a respaldarlas. Las mujeres se organizaron entre ellas y comenzaron su propia actividad económica.

250 personas trabajan hoy en su taller de fabricación de vestimentas éticas. La estabilización económica de las familias permitió que se centraran en otros problemas desde ese momento: en primer lugar, en la violencia conyugal, pero también en los cuidados de la salud, el abastecimiento de agua, contaminada por arsénico, e incluso la puesta en funcionamiento de un microcrédito entre los lugareños. Además, se abrió una escuela que escolarizó a más de 600 niños. Por último, los agricultores pasaron a la agricultura biológica, por lo que se garantizó el abastecimiento de semillas y fertilizantes. En resumen, una experiencia que marcó como una mancha de aceite a los pueblos de alrededor, sorprendidos por la autonomía y la solidaridad de Thanapara.

Servir primero al que más sufre

Catherine Tittelein, de Emaús Internacional, explica: «Toda la filosofía que encontramos en el grupo Emaús gira en torno a servir primero al que más sufre, sea quien sea, sin ningún tipo de discriminación, y establecer de forma local actividades económicas entre los más excluidos para que puedan acceder a sus derechos fundamentales». Existen cinco programas fundamentales: el acceso al agua potable, a la sanidad y a la educación, pero también la ética financiera y los derechos de los migrantes sirven de ejes de acción para todos los grupos del mundo. «Cada uno es específico y responde a las necesidades locales», continúa Catherine Tittelein. Así, el grupo español de San Sebastián creó una empresa de inserción y de reciclaje muy eficiente que emplea a más de 100 personas. También reflexionaron sobre lo peor de la sociedad consumista. El grupo organizó un concurso artístico y popular sobre el reciclaje y en verano puso a disposición de todos, en diferentes puntos de su ciudad, frigoríficos llenos de... ¡libros! En la Bosnia y Herzegovina de la posguerra, cuando se cerraron los campos de refugiados, las personas mayores y las aisladas, así como las personas con discapacidades mentales, totalmente desorientadas, se encontraron sin un lugar al que ir. El joven y dinámico grupo Emaús local puso en marcha una panadería y una fábrica de miel que permitieron acoger y dar trabajo a estas personas dejadas a su suerte. Majda Bouchanine, encargada de misión en Emaús Internacional, explica: «La idea principal fue darles un marco para estructurar sus jornadas, pero también darles los medios necesarios para vivir dignamente otra vez. La actividad económica no es en sí una finalidad, sino una ayuda para volver a ponerse en marcha para después ayudar también a los demás».

Ayudar a los demás para ayudarse a sí mismo

En Benín, algunos jóvenes problemáticos, acogidos lejos de la capital, financiaron con sus actividades hortícolas la escolarización de niños de Cotonú. Los pequeños recibían clases en los locales de Emaús mientras sus madres clasificaban prendas de ropa procedentes de los grupos europeos en contenedores. Una vez terminada la clase y hecha la clasificación, las madres salían a revender las prendas de segunda mano en los mercados para poder asegurar el día a día de su familia.

Los grupos Emaús retomaron la extraordinaria intuición del Abbé Pierre que decía: «salvando a los demás nos salvamos a nosotros mismos». De hecho, el Abbé Pierre se cruzó en el camino de un hombre que quería suicidarse y lo convenció de que podía ser útil a los demás a pesar de su miseria ayudando a construir alojamientos provisionales para los sin techo. El hombre, primer trapero de Emaús, encontró así razones para vivir y una nueva dignidad.

Grupos únicos

Cuando las comunidades Emaús brotaron en Francia, el Abbé Pierre viajó al extranjero para dar conferencias, sobre todo en América Latina, y despertó el deseo de algunos de iniciar grupos en sus propios países desde 1971. Un formidable intercambio de buenas voluntades y experiencias son los campamentos de jóvenes, donde jóvenes de todos los países destinan algunas semanas de sus vacaciones de verano a ayudar a los grupos con proyectos concretos, lo que les permite también familiarizarse con el espíritu del movimiento. Emaús, aunque fue fundado por un sacerdote católico, es un movimiento apolítico y aconfesional. Cuando surge una iniciativa, los grupos del continente al que concierne analizan la proposición y después proponen un acompañamiento casual del proyecto durante varios años antes de integrar de forma definitiva al nuevo grupo dentro del movimiento. Catherine Tittelein explica: «Cada grupo Emaús es único. La especificidad de las actividades y de funcionamiento es lo que da riqueza al movimiento. Pero para todos, el espíritu es común: la acogida sin imponer condiciones, el respeto de la dignidad humana, el reconocimiento de la capacidad de cada uno de ser actor en su vida y de tomar las riendas, la solidaridad para con los más vulnerables». La organización es totalmente democrática, no existe centralización, más bien son impulsos comunes y un intercambio de experiencias que permite a cada grupo formar su propia respuesta ante los desafíos que los rodean. Hoy en día, más de 200.000 personas están implicadas en los grupos Emaús en todo el mundo, pero millones de personas se benefician de sus acciones de solidaridad y repartición. El Abbé Pierre, fallecido en 2007, ha dejado un relevo vivo y pertinente frente a los cambios radicales del mundo.

Pascale Bernard

Información sobre los campamentos de jóvenes:

http://www.emmaus-europe.org/spip.p...

http://emmaus-international.org/ind...

Dernière modification : 29/05/2010

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