«La calidad de vida de Francia es la mejor del mundo»

No lo afirman los franceses que están hartos de escuchar a sus compatriotas «refunfuñar» cada dos por tres por todo lo que no va bien en Francia, sino la revista estadounidense International Living Magazine, que cada año publica una lista de países en los que se vive bien. Es extraordinario que este sea el quinto año consecutivo en el que Francia se sitúa a la cabeza de esta lista, delante, este año, de Australia, Suiza, Alemania y Nueva Zelanda. Les siguen Luxemburgo, Estados Unidos, Bélgica, Canadá y, en décima posición, Italia, país de la Dolce Vita inmortalizada en el cine.

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Jackie Flynn, directora de esta revista que trata la expatriación de los jubilados, no se sorprende de la victoria perenne de un país en el que «la insuperable calidad de vida, que incluye el mejor sistema sanitario del mundo, gana a la desesperante burocracia y a los elevados impuestos». No hace falta ninguna calificación para darse cuenta de que «la calidad de vida de Francia es muy especial […] nada más bajar del avión, comenzarán a experimentarla…».

Desde hace treinta años, para elaborar la lista anual que incluye, en 2010, a 194 países, la revista estadounidense examina nueve ámbitos: el coste de vida, la cultura y el ocio, la economía, el medio ambiente, la libertad, la sanidad, las infraestructuras, la seguridad y el clima. Para llevar a cabo el estudio, utiliza numerosas fuentes «oficiales» como las estadísticas nacionales o los datos de organizaciones internacionales como la OMS o la UNESCO, así como las consideraciones de sus corresponsales en el mundo entero sobre estos temas y sobre los resultados de las listas. Libertad, sanidad y seguridad son los tres ámbitos en los que Francia se sitúa en primer lugar, generalmente, claro, ex aequo con otros muchos países. Respecto a las infraestructuras, Francia queda en cuarta posición (raíles, carreteras, vías navegables, aeropuertos, proveedores de Internet…) y el coste de vida es mucho más bajo en este país que en muchos otros países desarrollados. Sin embargo, los amantes de la cultura se lamentarán al constatar que la puntuación es bastante peor en el campo de la cultura y el ocio, en el que Francia tan sólo alcanza la decimonovena posición.

En cuanto a las razones que justifican la soberanía de Francia en el índice de calidad de vida, Jackie Flynn cita algunas: «es un verdadero placer permanecer tranquilamente durante horas en torno a una cena y una botella de vino tinto en un restaurante parisino, pasearse a orillas del Sena una mañana de primavera, husmear en los muestrarios de los libreros, escuchar el repique de las campanas de Notre-Dame o ir a comprar deliciosos cruasanes al barrio bohemio de Montmartre…»

Por supuesto, «la oferta de la romántica ciudad de París es insuperable», pero las provincias no se quedan atrás: los pueblos vinícolas de Alsacia, el olor de la lavanda en Provenza o la «bella y salvaje» Córcega.

Flynn ya hizo referencia a los pequeños detalles que conforman el encanto de Francia, «como las pequeñas jardineras floridas en las ventanas, los jardines bien conservados, las encantadoras terrazas para tomar café y la limpieza de las calles», así como las ciudades «bien administradas y con una tasa de criminalidad baja».

La revista no duda en proponer, pensando en los jubilados estadounidenses que buscan el lugar más agradable para vivir y establecerse «overseas» (fuera del continente americano), una serie de consejos acerca de las regiones de Francia en las que comprar una casa es considerablemente más económico que en París y donde el foie gras, el armañac o los dientes de ajo forman parte de una mañana de compras habituales…

La limpieza de los pueblos, la variedad de los paisajes, los clásicos desayunos con tres platos por 14 dólares y la calidad de los restaurantes componen el arte de vivir a la francesa; sin olvidar el descanso del domingo, las vacaciones del mes de agosto e incluso «el pan recién hecho dos veces al día». ¡Francia es total!

Dernière modification : 19/02/2010

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