La tecnología de captura y almacenamiento de carbono avanza a todo gas

El 11 de enero de 2010, el Grupo Total inauguró en los Pirineos franceses (en Lacq) la primera planta piloto de Europa de captura, transporte y almacenamiento de CO2, principal gas de efecto invernadero. Hablamos de una tecnología innovadora cuyo propósito es contribuir a la lucha contra el cambio climático.

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El desafío al que se enfrenta la planta piloto consiste en capturar y retener, en los próximos dos años, el equivalente al gas carbónico (CO2) emitido por 40.000 automóviles en 24 meses, es decir, 120.000 toneladas de dióxido de carbono… Total fue el grupo responsable de la inauguración de dicha planta en Lacq, al suroeste de Francia, el 11 de enero pasado, y a ella asistió Valérie Létard, secretaria de Estado del ministerio francés de Ecología, Energía, Desarrollo Sostenible y Medio Marino. Un proyecto que la secretaria de Estado, responsable de las Tecnologías Limpias y las Negociaciones sobre el Clima, ha calificado como «revolucionario». La planta experimental de Lacq es, en efecto, la primera de Europa que integra el conjunto de procesos que abarcan desde la captura del CO2, en la misma instalación emisora, hasta el almacenamiento subterráneo. Su objetivo consiste, además, en contribuir a limitar las emisiones atmosféricas de gases de efecto invernadero procedentes de las grandes industrias que emplean combustibles fósiles (como acerías, fábricas cementeras, papeleras, refinerías…). Las pruebas realizadas con pequeñas magnitudes deberían aportar de aquí a cinco años los datos necesarios para dar el salto con garantías a la implantación de los procesos con volúmenes industriales.

A 4.500 metros bajo tierra

Para recuperar el CO2, se ha optado por un procedimiento de oxicombustión elaborado por Air Liquide. De este modo, en Lacq, el aire de una caldera industrial se reemplaza por oxígeno puro, lo que produce una reducción de los humos y de la concentración de CO2. El CO2 comprimido se recoge y se transporta a través de un gaseoducto de 27 kilómetros hasta el punto de almacenamiento geológico de Rousse; a continuación, se inyecta a 4.500 metros de profundidad en una reserva de gas natural inservible. «Esta estructura geológica ha conservado un gas tóxico e inflamable durante 35 millones de años. Esto demuestra que es extraordinariamente estanca», asegura Guy Zahan, director regional de comunicación del Grupo Total. Tal y como pidieron los poderes públicos, se ha realizado una evaluación profunda del estado del medio ambiente (fauna, flora, aguas, suelo, microseísmos…).

«Hemos establecido una red de vigilancia en un radio de 10 kilómetros para asegurarnos de que no ha habido ninguna modificación en estos planos», aclara. En lo que respecta a los microseísmos, se han instalado sondas al fondo de los pozos o a 200 metros de profundidad alrededor del punto de inyección. «La sensibilidad de las sondas es extrema. Hasta el punto, por cierto, de que sintieron el seísmo que tuvo lugar en Haití», explica el responsable. Asimismo, se han llevado a cabo estudios relativos a la peligrosidad de la zona. «Si la cabeza de inyección del pozo desapareciese por completo o si no funcionase ninguna válvula de seguridad, sería necesario permanecer a menos de 10 metros, durante media hora, y sin viento, para sufrir las consecuencias…», continúa Guy Zahan.

Intereses mundiales

La tecnología de captura y almacenamiento de carbono (CAC) despierta grandes expectativas, sobre todo en términos medioambientales. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático y la Agencia Internacional de la Energía prevén que esta tecnología podría, de aquí a 2050, contribuir a reducir en un 20% las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero (GEI). «Sin los procesos de CAC, reducir a la mitad nuestras emisiones de GEI de aquí a 2050 costaría alrededor de un 70% más, lo que, por supuesto, debilitaría y ralentizaría las iniciativas», recuerda Valérie Létard. De igual modo, las esperanzas apuntan de lleno también al aspecto económico. La secretaria de Estado reconoce que se trata, asimismo, «de un mercado potencial de peso en nuestro país que, al fin y al cabo, supone empleo, actividad, valor añadido y crecimiento». Gracias, en particular, a la demanda de los grandes países emergentes, se estima un crecimiento del mercado potencial de 600 mil millones de euros de aquí a 2030. Sin embargo, la tecnología CAC está abocada, en Francia, a formar parte de un amplio abanico de soluciones. Por tanto, y teniendo en cuenta que representa «una respuesta primordial a los intereses de la lucha contra el cambio climático» y «una tecnología que lógicamente no podemos ignorar», Valérie Létard recuerda que la «prioridad absoluta» radica en «la búsqueda de la eficacia energética y en el desarrollo de las energías renovables».

Florence Raynal

Dernière modification : 12/03/2010

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