Las nuevas ambiciones de la química en Francia

La química está por todas partes; forma parte de nuestra vida diaria. Desde sus orígenes casi mágicos y esotéricos hasta los experimentos en un banco de pruebas con la ayuda de instrumentos tan complejos como misteriosos, la química se sitúa en el centro de los grandes retos a los que debe hacer frente la sociedad.

La química francesa se encuentra, desde hace varios años, en plena renovación. Las cifras son halagüeñas: más de 80 mil millones de euros de volumen de negocios anual y 3 mil millones invertidos en investigación y desarrollo. De este modo, los actores académicos e industriales de la química francesa acaban de firmar un acuerdo de colaboración para oficializar su voluntad de trabajar juntos para encontrar soluciones a los retos mundiales relacionados con la energía y el cambio climático, el agua y la alimentación, la salud, la conservación de los recursos y el medio ambiente.

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El 18 de mayo de 2009, se reunieron investigadores, profesores e ingenieros químicos en la Maison de la chimie de París en una jornada de movilización bajo el lema: La química, una ambición para Francia y Europa. Al final de la jornada, siete de los principales actores de la química en Francia firmaron una carta. Objetivo: elaborar sustancias químicas del modo más limpio posible, estudiando su repercusión en la salud y el medio ambiente, pero también reinventar la química, volverla más atractiva. «Nuestras acciones deberían plantearse a largo plazo. Ya hemos implantado un comité de coordinación ad hoc con esta finalidad. Después de los actos previstos en 2010, estas acciones deberían encontrar una primera consagración en 2011, «Año internacional de la Química», organizado bajo la égida de la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada (IUCPA - International Union of Pure and Applied Chemistry) y que decidió la ONU el diciembre pasado», remarca Gérard Férey, miembro de la Academia de las Ciencias y presidente del Comité Nacional de Química de Francia. La química es fuente de progreso y resulta indispensable para descifrar la materia que nos rodea y nos constituye; ahora bien, a veces se le atribuye una imagen negativa. «Hoy en día, la química se asocia en demasiadas ocasiones a los riesgos, a la contaminación, a la toxicidad; en contadas ocasiones, a la conservación del medio ambiente, a los medicamentos y a la innovación. Sin embargo, la química es una de las claves del futuro», señala Gilberte Chambaud, catedrática universitaria y directora científica del Instituto de Química del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) francés.

En el dominio de la química, Francia es el segundo productor europeo y el quinto mundial. Este sector industrial consagra el 18% de sus inversiones a la protección del medio ambiente y al control de riesgos. Fuente de innovación, la química constituye un motor esencial de desarrollo económico para todas las industrias. Las acciones de los profesionales se centran cada vez más en el medio ambiente, la salud, la seguridad, donde se desarrollan en diferentes dominios: la toxicología, los nanomateriales, la electrónica molecular, las biotecnologías, los recursos renovables, la catálisis, la gestión de la energía... «Hemos dado pasos firmes en el ahorro de energía en las viviendas, al dividir por ocho la cantidad de energía utilizada, como en Fontenay-sous-Bois. Cada vez estamos más abiertos a este tipo de acciones. La química puede y debe aportar numerosas soluciones», opina Olivier Homolle, presidente de la Sociedad Química de Francia, entre otros cargos.

Como observa Gérard Férey, «hay que convencer a la opinión pública de que la química es una ciencia de la vida, una ciencia de la esperanza, al mismo tiempo que una fuente de innovaciones bienhechoras y un fuerte motor económico. Hay que comunicar que la química es una fuerza que está al servicio de la humanidad» y que los químicos contribuyen considerablemente a la mejora de la calidad de vida. Controlan la contaminación del aire y del agua. Las estaciones de depuración del CNRS representan importantes centros de estudios químicos medioambientales. Para mejorar sus resultados, los científicos cuentan con excelentes herramientas de análisis para detectar las sustancias, como la amoxicilina, un antibiótico cuya presencia en el medio ambiente podría favorecer una mayor resistencia de las bacterias. El CNRS participa en numerosos acuerdos de colaboración, nacionales e internacionales, que se basan en la complementariedad. Sus actividades se llevan a cabo en estrecha colaboración con el mundo universitario, el Instituto Nacional de la Salud y de la Investigación Médica (INSERM), la Comisaría para la Energía Atómica (CEA) y los industriales.

Pero la química interviene en otros sectores de actividad: en los museos, por ejemplo, puesto que permite que los historiadores y los arqueólogos penetren en los misterios de las obras de arte o reconstituyan la historia de un objeto. Asimismo, permite que los científicos, al poner sus informes de peritos al servicio del poder judicial, actúen contra la criminalidad y el fraude, tanto si se trata de productos dopantes como de falsificaciones, sobre todo en el dominio agroalimentario y de los productos farmacéuticos. La química también interviene para conocer más profundamente los fenómenos de las transformaciones culinarias, con la finalidad de controlar la calidad de nuestra alimentación. Un gran número de funciones que forman parte de un saber hacer y de métodos cada vez más sutiles de análisis químico; por ello, Francia debe sentirse orgullosa de sus conocimientos y de su reconocida experiencia en el ámbito internacional.

Annik Bianchini

Ministerio de Relaciones Exteriores y Europeos

Direccion de Comunicacion y Portavocia

Dernière modification : 14/09/2009

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